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30.10.13

Desearía

Mañana es otro día de esos prestablecidos. Es el día en que si decides seguir siendo tú, eres quien está mal. Sin embargo, yo nada quisiera más que tú sigas siendo tú y que me aceptaras esta invitación que te hago, siendo yo. Desearía que olvidaramos las ataduras del día y creemos nuestro propio espacio. Que hablemos de la vida, que escojamos a qué lugar ir sin importar cuantas brujas y fantasmas aparezcan en nuestro camino. Comer dulces, tomar café o cerveza, hacer de nuestro mundo y nuestro día uno más dulce: eso es todo lo que soy capaz de ofrecerte.

Pero muy probablemente, yo no sea lo que desees. En el fondo prefieres a la que se disfrazó de bruja que a mí, que con lo que cuesta ser yo una bruja se queda a mitad. A pesar de ser esta bruja natural, te ofrezco pasarla sensacional.

Queda de ti como tomes esto.

17.10.13

Teoría de la identidad santurcina en mi vida

En los 24 años de vida por lo menos 23 los he vivido en el espacio de Santurce, específicamente en Barrio Obrero. Vivo justo en el medio de la numerosa comunidad dominicana, razón por la que he sido motivo de burla, rechazo, me han discriminado y hasta cierto punto, he discriminado. Por 12 años no negaba tan solo el hecho de ser santurcina, sino también de ser sanjuanera ya que me costaba reconocer que cierto individuo era el alcalde de esta ciudad. En lugar, decía que era carolinense y eso no estaba tan lejos de la realidad. Estudié toda mi escuela superior en Carolina y fue el lugar donde jugué el deporte de mis mil amores: el voleibol.

Después de tantos años en mi vida, creo que he encontrado sentido a lo que es ser santurcina. Es por ello que me he dado a la tarea de desarrollar mi propia teoría de la identidad santurcina y hasta explicar el juego mental que me ha llevado a descubrirla. 

Hace 5 años, si me preguntabas no conseguía profesar ningún amor hacia ningún lugar particularmente. Bueno, a lo mejor te diría Plaza Las Americas porque era una persona que estaba solo enfocada en la ropa, las prendas y el maquillaje que se ponía. No me importaba gastar $100 en un vestido que me gustara si me gustaba de verdad. Aquella Brenda probablemente no tendría los elementos ni lingüísticos ni de vida suficiente para encontrarle sentido a otra cosa en la vida que no fuese ser un "Mallrat" y una de esas muchachas que conoces y sabes que llora cuando se le rompe una uña. Yo comencé a entender que era Santurce poco antes de irme por un año.

Yo recuerdo el Santurce de antaño. Aquella Ponce de León, imponente en cualquiera de las paradas donde te encontrases. Mi madre me llevaba, yo en coche de bebé, casi todas las semanas. Recuerdo la majestuosidad de González Padín, aquella tienda donde me compraron mi primer uniforme escolar hace 20 años. Si caminabas hasta la parada 18, encontrabas a Woolworth. Mi madre decía que esa fue la primera tienda en Puerto Rico con escaleras eléctricas y yo me recuerdo subiéndolas y bajándolas. Poco más adelante, en dirección a la emblemática Parada 15 estaban La Giralda y la New York Department Store. Ambas eran gigantescas, y sobre todo recuerdo la maquina de Coca Cola de pote cristal que había en La Giralda. Cerca de esa área también se encontraba GeeTees Toys, que en aquella época, era la más importante para mí por ser una juguetería. Nunca voy a olvidar que fue justo ahí donde me compraron los juguetes más emblemáticos de mi infancia y de los primeros que tengo conciencia: una Xuxinha y el micrófono de  Xuxa. Esa muñeca de Xuxa es tan importante para mí que hace unos días estaba en un vintage sale en los pasillos de Plaza, la volví a ver y la tuve que comprar.

Mientras fui creciendo, ese Santurce que conocí en coche iba desapareciendo poco a poco. Diría que la década de los '00 fue una oscura para el sector aunque siempre hubo algunos espacios que se mantuvieron con vida, como la Placita del  Mercado, el chinchorro en turno durante la década gracias a Doña Sila, o el Santurce gay, que desde que tengo uso de razón ahí estaba el Tía María y Eros. Poco hubo más allá de eso.

Hoy Santurce es mucho más que eso. Santurce es ley. Santurce es Miramar. Santurce es Ciudadela. Santurce sigue siendo la misma 15. Santurce es de los dominicanos. Santurce es la Placita. Santurce es Hipster. Gústele a quien le guste y duélale a quien le duela, el espacio alternativo es quien le ha dado esa segunda vida a ese Santurce que yo conocí de toddler. Santurce renació, el santurcino ahora tiene espacios, quizás los mismos, quizás alternos para manifestarse. Yo he reencontrado todo aquello que fui en el Santurce de hoy. Entre la librería y Nellylandia, me he vuelto a sentir santurcina, aunque una parte de mí siga siendo carolinense. Sé que muchos al igual que yo se han encontrado en este mismo espacio, porque hay espacio para todos. Solo espero que este microespacio en esta jungla de cemento en el área metro siga siendo un lugar de manifestación, tanto artística como entre otras y que mcha gente, pueda encontrarse acá. Yo descubrí que era santurcina y que amaba este espacio después de haberme ido un año a Miami y darme cuenta cuanto me pertenecía.

15.10.13

Paja Mental #48

Que curioso esto de enamorarse de una idea, es un ser de carne y hueso, pero apenas conoces su nombre. Lo observas desde la distancia, sonríes, él ni sabe que existes. Sabes lo que hace, los lugares que frecuenta, sabes que a pesar de que no sabe nada de ti, con lo poco que sabes puedes concluir que tienen mucho en común. Vas a su trabajo, solo a contemplarlo, sin saber bien que hacer. De hecho, ni tan siquiera sabes si tiene pareja. Solo te conformas con observarlo.

Llegas a su trabajo, ese lugar donde sabes que lo vas a encontrar inequivocamente. Te percatas que no está, te relajas. Comienzas a hacer lo tuyo, claro, esa es la ventaja de los cafés. Tomas un café, escuchas la música desde tus audífonos, lees en alguna lengua extranjera mientras escribes en ella. Todo está en una perfecta armonía hasta que lo ves entrar. Tu corazón se agita, tu estómago trabaja de una manera anormal, comienzas a sudar, probablemente, toda tu expresión corporal haya cambiado, no puedes dejar de mirarlo. Lo miras y piensas qué hacer, será que algún día todo dejará de ser solo ese nervio y esa idea. Ves que te mira vagamente y ya no puedes volver a concentrarte.

En la vida solo te ha dicho cosas sumamente casuales como un “hola, ¿que tal?” o un “buenas noches” pero sabes que en el fondo ni tu cara recuerda. Yo me pregunto todas las noches, ¿qué coños hago para que sepa que existo? No me quedó otra opción que escribir estas líneas que, probablemente, nunca las lea.

16.9.13

Estar en forma... redonda

He intentado empezar este post de 10 maneras distintas sin que ninguna suene clichosa.  Decidí abortar la misión: no importa como empiece, siempre será BASTANTE clichoso cuando se trata del asunto que voy a tratar hoy. Normalmente hablo de las cosas que me hacen feliz o de las que me incomodan del exterior, pero pocas veces hablo de las que me incomodan de mí, tanto físicas como internas.  Hoy he decidido hablar de la cosa que más me incomoda de mi interior y de mi exterior, y no sé si por voluntad propia o por la influencia de la sociedad en mi persona: mi gordura.

Probablemente eres de las personas que hace algunos días leyó mi cuento sobre las nalgas (el cual no publicaré por obvias razones) y si sabes de lo que te hablo o no, pues te advierto que esto puede ser tanto el preludio como la secuela de dicho cuento.  Debo empezar por el principio, si es que esto tiene alguno (no estoy del todo segura) pero no estoy segura de en que posición en mi vida va ese cuento del otro día.  A fin de cuentas no importa, esta es mi historia y la empiezo por donde crea más conveniente.

Llevo años oyendo a mi madre decir "fue por culpa de esas pastillas McCoy que te di a los 6 años" o viendo a Juliana Paes o a Bárbara Mori en la televisión mientras me dice "yo pensaba que tu ibas a tener el cuerpo así". Nunca pensé que la más ardiente de mis pasiones tronchara la mayor de las expectativas que mi madre tenía sobre mí. De por sí no recuerdo ningún punto de mi vida en el que hubiese sido delgada para mi edad y mi estatura, pero mi madre siempre insiste en recordármelos todos, como reprochando que no lo sea y que probablemente, nunca lo consiga.  Sí, tomé pastillas, hice ejercicios, he hecho hasta la dieta del toma y dame, pero siempre mi pasión me vence.  Hace unos 3 o 5 años llegué a verme lo más delgada que yo sí he logrado reconocerme, pero a pesar de ello, no conseguía reconocerme porque ahora no estoy tan segura de cuán yo era en ese momento.

Llegué a la parte clichosa del cuento que he intentado skipear desde el inicio de este relato: Yo también fui víctima de bullying en la escuela, hasta el día en que me gradué. Recuerdo que desde sexto grado, entre espejuelos, gordura, braces, actitudes entre otras me gané un sinnúmero de apodos.  Vivía hastiada desde los 11 años de la sociedad en la que vivía.  Curioso que 13 años más tarde aún lo esté y quizás en peor escala.  Aún me pregunto porque no cumplí ninguna de las promesas de suicidio que hice por un largo periodo de tiempo, pero claro, de haberlo hecho no estaría escribiendo esto. Eso hubiera sido un GRAN desperdicio.

El día que "el amor" llegó a mi vida, vino acompañado de esto también debajo de la manga. La frase que más me ha marcado desde que tengo 15 años es "tú serías la mujer de mi vida si rebajaras, vistieras de otra forma, y te arreglaras más". Claro, ahora con la distancia del tiempo puedo concluir "yo NUNCA fui el amor de su vida", pero en aquel momento no conseguía entender eso. A veces vuelvo a esa frase y creo que está más apegada a mí de lo que creo: no soy la mujer de la vida de nadie. No me arreglo, no me da la gana de vestir de otra forma, no rebajo.

Dicen las malas lenguas que vivo la vida detrás de un escudo, quizás sea cierto. Nací en un país, es un nucleo, en un mundo que siempre vio mal que en el Field Day en vez de estar pendiente a lo que sucediera, yo quisiera leer Cien años de soledad. Nací en un país en el cual mucha gente me rechaza porque "me creo que me lo sé todo" y eso viene siendo así desde tiempos inmemorables. Más de la mitad de la gente que me rodea no entienden mis motivaciones, lo que me emociona, lo que me apasiona. ¿Cómo no esconderte detrás de un escudo cuando todo lo que haces y eres es motivo de ataque?

Otras lenguas dicen que tengo un condón magnum size en el corazón.  Solo queda decirles: no es más que la pura verdad. ¿Quien quiere estar expuesto a más cantazos en la vida cuando descubriste que meterte en la vida de los Buendía resulta más apaciguador que hablar con tu vecino? ¿Para que quiero otro amor que me diga que "soy la mujer de su vida pero..."? Hasta ahora, en ninguna página de Rayuela, Oliveira me ha dicho eso, pero creo que eso no les importa.

Volviendo al asunto, sí soy gorda. Sé que la gente más superficial responderá a este asunto con un simple "mija pues rebaja" y probablemente tengan toda la razón del mundo, pero ahora toca darle a la comida, a mi gran pasión, su lugar en este texto.  La comida, si, me ha engordado, me hace daño a la salud pero jamás me ha dañado el alma como me la dañan los que me rodean.  Si hay algo en lo que esta sociedad está totalmente errada, es que nunca ha medido el poder de la palabra. Sé que existe gente que le dicen un "estás gordo" y es suficiente motivación para bajar de peso.  En mi caso, es tan solo el martirio con el que llevo cargando toda mi vida. He sabido estar contenta por muchos otros motivos y que en mi casa solo me digan "¿y cuando es que tu piensas rebajar?" A veces pienso que toda mi vida se reduce tan solo al hecho de que no soy ni consigo ser flaca. No lo consigo porque prefiero el mantecado al maquillaje, los bizcochos a la moda, sentarme a leer a ir al gimnasio. Sí, paso por épocas en que me engaño y engaño al mundo diciendo "fui al gimnasio" "no me comí el postre". Juro que es el momento en el que más vacía y falsa me siento.

8.9.13

Grito desesperado de quien desea realizar un sueño

A quien pudiere interesar (Si es que a alguien pudiere interesar):

 Por medio de esta carta quiero manifestar un sueño, un gran deseo el cual quisiera alcanzar y por el cual busco cualquier tipo de ayuda para alcanzarlo. Mi nombre es Brenda Gisselle Mejia Reyes, tengo 24 años y soy estudiante de Lenguas Modernas y Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico. Por gracia de la vida, soy una persona saludable que lo único que anhela es comerse el mundo y ejercer mi profesión. Soy sumamente agradecida con la vida ya que por medio de mis trabajos como tutora de estudiantes de todos los niveles escolares y distintos tipos de venta de productos (Bake sales, Avon) nunca me ha faltado nada e incluso tuve la oportunidad de realizar uno de mis más grandes sueños: conocer Escandinavia.

En esta ocasión, no intento presentarme como alguien que alardea de lo que la vida le ha dado, ya que esa no es mi intenció. Por la presente, solo quiero mostrar mi intención de trabajar un poco más ya que deseo realizar otro de mis sueños. No estoy buscando que me lo pongan en bandeja de plata, ya que conozco el valor de esforzarse por alcanzar una meta.

Por muchos años dos artistas han inspirado muchas de las cosas que hago: Charly García y Fito Páez.  He seguido sus carreras detalladamente, he hecho de sus canciones himnos y parte de mi filosofía de vida. Ha sido con estas canciones que me he enamorado y he creado vínculos más fuertes con mis amistades al cantarlas a coro en cualquier circunstancia.  Por mucho tiempo he despertado en las mañanas soñando con que finalmente, pude verlos en vivo. Incluso, los he convertido en parte de mis estudios universitarios.  He hecho investigaciones en las cuales Charly y Fito has sido piezas fundamentales (La Nueva Canción Argentina como respuesta a los mecanismos de poder.)  Mi tesina de grado tuvo como uno de sus temas de estudio la obra de Fito Páez (Los Siete Locos y Los Lanzallamas en la música popular argentina.)  Además de esto, tuve la oportunidad de leer la primera novela escrita por Páez, La Puta Diabla, y convertirla en una de mis novelas favoritas.

Hace un año pude realizar este sueño a medias ya que pude ver a Charly García, y confieso que fue uno de los mejores momentos de mi vida.  Todavía me falta realizar la mitad de este sueño: ver a Fito Páez en vivo.  Este sueño ya se hizo imposible de realizar en mi país ya que en Puerto Rico los productores decidieron que traer a Fito en concierto es "muy caro".

La oportunidad de ver a Fito este año es una posibilidad, aunque por lo que estoy generando en mis trabajos, una muy remota.  Fito y Charly se presentarán juntos el próximo 15 de noviembre en Bogotá, Colombia.  Nadie tiene idea de todo lo que sería capaz de dar por estar allí, pero lamentablemente, me falta trabajo y esfuerzo para poder conseguirlo.  Jamás se me ocurriría pedir dinero, pues, como ya dije soy una persona sana que puede realizar cualquier tipo de trabajo con el fin de conseguir mi sueño.  Lo que si pido encarecidamente es que me ayuden proveyéndome cualquier tipo de trabajo, para generar al menos los US$800 que son necesarios para asistir a este evento desde Puerto Rico.  Pueden cooperar también comprando alguno de los productos que vendo, ya que sé que mediante esto puedo acercarme cada vez más a mi meta.

Sé que a muchos les puede parecer absurda mi insistencia para conseguir lograr esto y deben estar pensando "eso lo puedes lograr más adelante" pero en este instante, no estoy segura sobre cuán posible sea eso.  Para el 2014 he decidido apostar por buscar mi porvenir en Corea del Sur, ejerciendo como maestra de inglés y esto me mantendrá al menos un año alejada del continente americano.  Un año es tiempo suficiente para que un sueño se desvanezca de cualquier forma y deje de ser posible.  Es considerando esto que pido que, si pueden, se identifiquen y cooperen de la manera que puedan.  Sé que todos estamos viviendo tiempos muy difíciles, y que lo que pido puede sonar como una frivolidad, pero su colaboración de la forma que sea sé que será bien recompensada tanto por la vida como por mí.

Muchísimas gracias por tomarse el tiempo de leerme.

Queda de ustedes,

Brenda G. Mejía Reyes


29.6.13

Durante el tiempo en el que estuve viajando me pregunté muchas veces si debía sentarme en algún momento en el que no estuviese haciendo nada y escribir sobre lo que veía. Al final, sentía que no iba a poder tener el poder de la memoria, sino el del asombro, que no significa que sea peor o mejor, pero es distinto.  Digamos que hice un acuerdo conmigo misma en el que decidí que escribiría después que regresara a Puerto Rico, con cualquiera que fuese mi impresión pos viaje, y aquí estoy, una semana después de que el Condor 6020 aterrizara en San Juan, y finalmente después de 5 semanas, escuchara aplausos justo en ese momento.

La mayoría de la gente tiende a repudiar esos aplausos que lanzan los boricuas una vez el avión aterriza porque les parece cafre, a mí me parece la más honesta muestra de folclor y de agradecimiento, ¿acaso aplaudirían si al avión le diera con hacer lo que hizo el de Jenny Rivera? Exacto. Es una manera, no tan ortodoxa, de dar las gracias por llegar bien al destino, y extraño como les pueda parecer, extrañé eso en todos los vuelos que estuve en Europa.

Así comencé mis travesía al norte el 16 de mayo de 2013, después de haber llorado casi hasta sangre (parece hipérbole, pero estoy segura que casi) gracias a todos los trabajos finales, y al más estresante pero enriquecedor: mi tesina sobre la vigencia de la obra de Roberto Arlt, que ya abrí el documento hace unos días para emocionarme igual que en el momento que lo leí, justo antes de llevarlo a encuadernar.  Aproximadamente a las 10 de la mañana aquel vuelo de Jet Blue me llevaba a New York, la primera parada clásica de casi todos los vuelos que van a Europa.  Una vez en New York, me tocaba esperar 4 horas por mi vuelo de Icelandair que me sacaría por primera vez en mi vida del triángulo de las Bermudas (consideren que básicamente, no he salido de San Juan, Miami y Nueva York, casi los mismos puntos del triángulo).  ¿Será que siempre esa espera resulta eterna? Claro, era el día en el cual casi corro por todo el terminal 7 buscando donde conectar mi computadora, era la Semifinal 2 de Eurovision y el sábado iba a ver la final en vivo.  No les voy a decir que el internet del aeropuerto me trolleó y casi no pude ver nada, porque haría este cuento más deprimente, pero algo así sucedió.  Esa escala se me hizo media horrorosa, pero al final todo salió bien, a las ocho salimos a Reykjavik y honestamente, pienso que Icelandair es una de las mejores líneas aéreas que hay.  Estaba tan cansada que no pude ver ninguna película pero había de todo para ver, desde Argo hasta Look Whos Talking, así de trip está ese vuelo, pero yo dormí casi las 5 horas que tomó llegar a Islandia. Como cuatro horas más tarde, por fin llegué a mi destino: Copenhague, Dinamarca, la ciudad de la que estoy perdidamente enamorada.

Lo más asombroso que le puede suceder a un ser humano una vez llega a Copenhague es tener que tomar el Oresundtag hasta Malmo, Suecia, justo lo que tuve que hacer.  El Oresund es una maravilla, esa vista y esa sensación de estar en dos países al mismo tiempo que te hace sentir el tren, que una vez sale de Dinamarca comienza a decirte las estaciones en sueco y viceversa.  Tuve la suerte de encontrar una segunda familia maravillosa en Malmo con quienes pasé esos cinco días allá, y naturalmente, tuve la oportunidad de presenciar una final de Eurovision que para colmo, tuvo el resultado que yo quería.



Definitivamente, creo que nunca olvidaré esa noche porque fue una de las mejores de mi vida.  Malmo es una ciudad bonita aunque pequeña, y lo mejor que tiene sigo diciendo que es ese puente maravilloso que la conecta con Copenhague.  Copenhague huele a Hans Christian Andersen por todas partes, hay un aire de historia y arte divino que se respira por cada calle que uno va.



Sin lugar a dudas, estoy convencida que me hubiese gustado estar mucho más tiempo del que estuve en Copenhague, un día no fue suficiente para ver todo lo que me hubiese gustado, pero de algo estoy segura: Copenhague ha sido lo único que me ha inspirado en la vida a querer aprender a correr bicicleta.

Después fui a otro lugar del cual estoy perdidamente enamorada: Estocolmo.  El museo de Abba, la Ciudad Vieja, Drotninggatan, Sodermalm, es una delicia de lugar.  Además, fui al concierto de Bon Jovi en el Estadio Olímpico, ¿que más puedo pedir? Además que siento que Estocolmo tiene mucho en común con Nueva York, oyes casi todos los idiomas si te montas en el metro y puedes encontrar de todo lo que te propongas, honestamente, creo que es uno de los sitios donde me veo en un futuro.



Luego de Estocolmo me tocó Gotenburgo. A mí honestamente me encantó, porque es un paraíso estudiantil, pero estoy segura que es de esos lugares en los que no puedes estar demasiado tiempos porque llega el punto en el que te aburres. Si hay un lugar en el que hice nuevas amistades y me divertí como loca es Gotenburgo. Hasta me disfrute el Gay Pride Parade de la ciudad mientras estuve.



Después pasé una semana en la que estoy casi convencida que es la ciudad más cara del mundo: Oslo, Noruega.  A pesar de sus precios exorbitantes, debe ser uno de los lugares más hermosos del mundo y de esos que se deben visitar al menos una vez en la vida.  Si en un lugar fui feliz andando de museo fue en este.  La emoción más grande que tuve fue visitar el apartamento de Henrik Ibsen, sí, el viejo rabioso que escribió "A Doll's House".  Lo más curioso de estar en ese apartamento, que es justo frente al palacio real de Oslo es que sientes su presencia y hasta comienzas a entender de donde surgió toda su obra con tan solo mirar el entorno.  Creo que esta fue una de las mejores experiencias que tuve en la ciudad.



Después, estuve lo más cercano a Rusia que conseguí estar: Riga, Letonia.  Es una ciudad a la que daría lo que fuera por volver al menos una vez al año. Tiene el ambiente perfecto para unas vacaciones en las que puedes combinar historia, cultura y fiesta.  Los Happy Hours de Riga son eternos, desde las 4pm hasta las 3am puedes estar Bar Hopping por toda la ciudad vieja y siempre encontrarás uno, cervezas por menos de 1 lat ($1.88USD) en todas partes, 2x1 en todas partes, lo que quiere decir que con 4 lats te podías tomar feliz 2 caipirinhas o 2 mojitos en cualquier parte.  La comida también me encantó, el mejor pan con ajo de mi vida me lo comí allá, los pancakes de papa, definitivamente que la gastronomía báltica estuvo un poco mejor que la escandinava.




Yo no sé si tiene algo que ver con el cliché o que yo soy un ser muy extraño qué cosa, pero la realidad es que lo menos que me gusto de todo mi viaje fue Paris y Barcelona, bueno, especialmente Barcelona.  En Paris al menos tenía cosas con las que me identifico: El Louvre, la ruta de Rayuela (¡gracias Instituto Cervantes!), los cementerios que moría por ir a visitar y obvio que Paris Saint Germain.  Básicamente en eso consistieron mis cuatro días en Paris.  Lo menos que me gustó de la ciudad es ese overload de gente en todas partes (sobre todo en las partes turísticas) una vez te sales de ese caos, todo se torna mucho mejor. Además, estuve con mi querida amiga Luisa que me llena siempre con su poesía y todo lo que sabe. Eso hizo mi estadía en Paris una mágica, pero no en el sentido mágico que suelen concebir casi todos los turistas cuando miran la torre.




Y finalmente llegué a Barcelona. Aunque la ciudad no es para nada mi favorita (aunque la comida estuvo super) por lo menos no estuve sola, eso la hizo mucho mejor.

Y después de muchas patatas bravas y cañas, tocó ir a Frankfurt para tomar ese vuelo Condor 6020 que llega directamente a San Juan. ¿Qué aprendí? ¿Qué gané? Creo que todo, hasta de Barcelona con todo y lo ajeno que se me hace Gaudí. Gané muchísimos nuevos amigos alrededor del mundo, experiencias que nadie me va a quitar.  Aprendí que en todas las lenguas escandinavas tack es gracias, aunque no en todas se escribe igual.  Tuve la oportunidad de conocerme mejor y darme cuenta que soy mucho más organizada de lo que creía (vivir en Miami me había dado una leve señal de esto).  Que en Suecia hay más H&M que Systembolaget (la tienda del estado encargada de vender el alcohol) y que Carlos Felipe es el príncipe más bello del mundo.  No hay mejor fast-food de hamburgers en el mundo que Max y su salsa maravillosa para dipiar.  Aprendí cuán útil es ser la políglota donde quiera que vayas, en todas las esquinas te aparece un brasileño, un español o un italiano que no sabe nada de inglés y te conviertes en la salvadora del grupo cuando hay hambre o necesidad.  La verdad, me di cuenta que en algún punto de mi vida, quisiera definitivamente vivir en Copenhague o Estocolmo, y que no debo conformarme con simplemente viajar a aquellos lugares a los cuales no necesito pasaporte.

24.12.12

Las primeras fiestas sin Tribi...

Si alguna vez escribí dos posts en menos de 24 horas, pues fue hace mucho porque no consigo recordarlo.  Esta mañana me sucedió algo cotidiano, pero consiguió conmover cierta herida que no ha cerrado, y es obvio porque es bastante reciente.  Navegando en las profundidades de Facebook me encuentro con este meme:


Lo vi y me eché a llorar como loca.  De más está decir que me recuerda a mi Tribilín que se fue hace poco más de un mes.  Después de 17 años, estas son mis primeras fiestas (las cuales ya sabemos que de por sí repudio) sin él.  Tribilín estuvo conmigo en todas las facetas de mi vida, imagínate, llegó cuando estaba en Primer Grado.  Recuerdo una vez, cuando estaba en Tercer Grado tuvimos que hacer una presentación oral frente a la clase sobre nuestras mascotas.  Yo llevé a Tribi al colegio y todo el mundo estaba encantado con él porque era super juguetón y jovencito.  En aquel tiempo lo rompía todo, pero yo tenía siempre con quien jugar.  Así estuvimos en todo momento, hasta que el día de las elecciones, en medio del caos y alboroto de ese día me dejó para siempre.  No pudo haber escogido un día peor para irse, pero hasta ahí llegó su propósito.

A pesar de que en casa hay otros seis animales, lo extraño.  Lo extraño porque ninguna, a pesar de lo mucho que las amo a todas, creció a mi lado.  Ninguno ha estado en todos los absurdos momentos en que traigo a pretendiente nuevo a casa, solo Tribi.  Y ahora ya no está.  Siempre le había dicho a Mami que yo me mudaría definitivamente de mi casa después que Tribi faltara.  Creo que ahora ese momento está más cerca, pero me doy cuenta que Tribilín nunca va a faltar.  Estará por siempre en cada rincón de la casa donde le gustaba estar. Seguirá estando al lado del sofá donde por las noches, cuando uno se sentaba a ver televisión, él se arrimaba buscando un poquito de cariño.  Seguirá estando en el balcón, ladrándole a los carritos de compra, porque por alguna extraña razón odiaba el ruido de sus ruedas.  Tribilín es único entre todos mis animales.

No me malinterpreten, ya de mis gatas había hablado aquí al igual que de Tribilín.  Las adoro, al igual que adoro a Milagrito, que creo que fue el regalo que la vida le envió a Abuela para que la ausencia de Tribi tuviera un bálsamo.  Amo las loqueras de Chispa, aunque esa perra solo tiene ojos para Mami. Ahora también amo a Griselia, la veo y me parte el alma, porque la pobre no puede brincar y hacer las cosas que hacen el resto de los gatos.  Estoy casi segura que perdió sensibilidad en sus patas traseras después que un perro la mordiera por estar detrás de mami y mío.  Ahora se arrastra, pero igual la veo con esas ganas de vivir y me destroza el corazón.  Por cosas como esta sé que debo seguir adelante, a pesar de lo mucho que me duele el que Tribi no esté.  El resto de los animales de esta casa necesitan quien los ame, y por eso, debo de sentir que en realidad Tribilín me espera en la otra vida porque le di ese amor, y así mismo me retribuirán los demás una vez ya no estén, y me toque encontrármelos en el más allá.

Aquí les dejo con algunas fotos para ilustrarlos:



Tribilín junto a Negri (que murió hace 5 años)



Tribilín



Nosotros



Nosotros circa 1996