Desde hace como dos años o un año y medio comencé a escribir de nuevo por amor al arte, claro, justo el tiempo que llevo haciendo mi otra verdadera vocación: estudiando lenguas. Me siento plena haciendo las dos cosas que más me gustan y creo que por eso la inspiración ha regresado. El tiempo que pasé en Miami de intercambio, no toqué mis historias practicamente para nada. Sinceramente, Miami fue un sitio que me hizo cambiar mis clasicos tonos amarillos y violetas a unos grises pálidos horribles, pero allí mismo me encontre con una gran inspiración que verdaderamente, me hace sentir bendecida y ayudo a que me reenfocara. Como parte de las actividades organizadas por el Departamento de Lenguas de FIU, (Florida International University) nos visitaron a la universidad tres escritores italianos jovenes, promesas de la literatura italiana de estos tiempos. Sus nombres: Silvia Avallone, Giuseppe Catozella y Barbara DiGregorio.
Estaban acompañado de su editor, de quien solo recuerdo que se llamaba Michele y la casa editorial a la que pertenecen se llama Rizzoli. Durante la charla, el editor preguntó "chi vorrebe diventare scritore qui?" en toda aquella sala, la única en levantar la mano rápido como flecha fui yo y todo el mundo tuvo que cambiar su mirada hacia mi. Incluso, los escritores y el editor cuando hablaban, tendían a dirigirse a mí. Era como si nadie más pudiese entenderlos. Al terminar, todos me dijeron In bocca al lupo, la forma coloquial de desear buena suerte en italiano a lo que contesté sin pensarlo mucho Crepi! Sinceramente, no conozco muy bien el origen etimológico de la expresión. Solo sé que eso era lo que tenía que decir.
Ese fue uno de los días cuando más sentí que estar en Miami tenía algún sentido. Había matado dos pájaros de un tiro: conocí tres autores cuyas novelas son buenisimas, y para rematar, ¡son italianos! Desde que empezó el año, la lengua italiana es la que más satisfacción me ha dado, y esta era otra satisfacción adicional. Además, tanto en EEUU como en Puerto Rico, es poquísimo lo que se conoce de la literatura italiana, y también de la brasileña. Siempre he pensado que además de autora y traductora, debo ser un enlace que ayude a los amantes de la literatura a conocer más allá de lo convencional y ayudarles a que vean cuán maraviollosa es esta literatura que a pesar de que no comparte nuestra lengua, nos podría ser bastante pertinente. Así fue como comprendí que mis dos pasiones, siempre irán de la mano.
Tenía que contar esto porque creo que fue el punto de partida para inspirarme a competir ayer después de cuatro años. Se me ocurrió escribir un cuento rosa, creo que fue porque es con lo más cómoda que me siento. Además, otro de los propósitos de escribir fue darme la tarea de por fin terminar algún escrito que empiezo. Tengo aproximadamente diez drafts de historias que he comenzado, pero que aún no tengo muy claro el destino de sus personajes, y así, llevan años guardadas. Con esto, aprendí a concluir algo, quizás por primera vez en mi vida.
Obviamente, no iba a la competencia a ganar, iba a aprender. Iba a acostumbrarme a terminar mis historias, a saber que realmente se busca en una competencia y a tratar de expandir mi imaginación. No todo en esta vida pueden ser cuentos rositas, y eso fue algo que aprendí. Así me seguiré preparando para próximas competencias y para el gran día que comienze mi maestría en Creación Literaria, que debe ser en dos o tres años. Una de las grandes señales que la vida me dió ayer fue el ver a dos de mis maestros de escuela que más me inspiraron a creer en lo que escrbía: Consuelo Martínez, que fue mi maestra de español de sexto grado, la primera que me dio libertad de escribir lo que realmente naciera de mi, y quien ahora es la coordinadora de la maestría que empezare pronto, y naturalmente, Robin Colón, mi maestro de español de escuela superior, aquel mismo que decía que algún día llegaría a ser directora de Estudios Hispánicos y que ayer me dijo que después de tanto que había renegado, volví a donde verdaderamente pertenecía... ¡y tiene toda la razón!

el segundo de izquierda a derecha es Giuseppe, le sigue Barbara di Gregorio, luego Silvia Avallone. El que está a extrema derecha de espejuelos es Michele, el editor. Yo, pues estoy justo en el medio en tank top color vino.



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