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26.5.11

mi cuentito... ¡que mañana hay certamen literario!

Como ya había dicho, una de las cosas que me propuse este verano es terminar el reguero de historias que tengo empezadas y también competir en certamenes. Mañana tengo mi primera prueba de fuego, y pues, quería compartir con aquellos que me leen el cuento que me toco escribir para seguir los guidelines del certamen. El gran reto es que debía de ser en ¡UNA sola página! Contra, nada más difícil que decir todo lo que quisieras en una sola página. Bueno, no voy a seguir escribiendo más y, he aquí el cuento:

Esta mañana cuando sonó el despertador, sabía que sería un gran día. Me levanté con la energía que hacía muchísimo tiempo no sentía. Me vestí, me arreglé con mucha prisa, pero a la misma vez cuidando cada uno de los detalles. Quería lucir perfecta. Me puse aquel traje que tan caro me costó y que debía utilizar en una ocasión especial, ¿y qué ocasión en mi vida no podía ser tan especial como verlo a él?

Lo conocí hace aproximadamente 17 años porque ambos fuimos juntos al pre-escolar. Después de graduarnos, nuestros caminos estuvieron alejados, pero poco después eso cambiaría. Fui a una nueva escuela a cursar Tercer Grado y ahí estaba él. Aún no me explico cómo pasé de grado porque lo miraba todo el día. También recuerdo que hubo ocasiones en las que el cambiaba los juegos por hablar conmigo. Un día hasta me pidió sugerencias para un regalo de San Valentín, que no era para mí. Él nunca supo nada de lo que yo sentía. Poco después se fue de la escuela, y no lo volví a ver. Justamente hoy, podría ser el gran día en el cual lo volvería a ver.

Cuando llegué a aquel pasillo sentía una sensación que no sabría describir bien. Era la alegría más grande del planeta mezclada con temor; temor al rechazo, temor de que no me recordara. Al tenerlo frente a frente sentí los mismos nervios que sentía cada vez que me hablaba hace años. Estando allí le preguntaron si recordaba quien yo era. Miró un poco tímido intentando hacer memoria. No pasaron cinco segundos cuando mencionó mi nombre con cierto júbilo. Me sentí feliz. Si podía recordarme significaba que alguna importancia tuve para él.

Hoy, después de doce años lo vi… ¡me recordó! Aún no sé si él es el hombre de mi vida, aún no sé si lo volveré a ver. Lo único que sé es que haberlo tenido cerca de mí me inspiró a mantener viva a la niña que fui, esa que él aún recuerda, en el corazón de la mujer que soy.

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